jueves, octubre 15, 2009

Eterno repechaje de una eliminatoria sin fin

¿Está muerto? ¿Quiere resucitar? ¡No se revuelva más en su tumba! Nosotros le organizamos una vuelta a la vida digna del Nuevo Testamento. En sólo 90 minutos usted verá el fin del ostracismo. Lo sacamos de las tinieblas y le devolvemos el oxigeno. Pare de sufrir. Juegue contra nosotros y vea la luz al instante o en los descuentos, pero véala. Está garantizado.

Les hacemos precios especiales a gordos sapos paleros y argentinos. La fiesta incluye globos, fuegos artificiales, gritos de soy celeste, celeste soy yo, y más de 60.000 testigos del milagro.

jueves, agosto 27, 2009

Nostalgia

Ya sé como va a ser la cara de mi sobrino y todavía faltan tres meses para que nazca. Ayer vi sus facciones nítidas en una foto digital en cuatro dimensiones tomada dentro del mismísimo vientre de mi hermana. Seguramente en unas horas esa misma foto estará colgada en Facebook y muchos de sus contactos van a comentarla. Escribirán sus suposiciones sobre si el bebé es más parecido a tal o cual, arriesgarán chistes con que heredó la nariz de su padre y los cachetes de su madre, pero todos coincidirán con alegría y muchos signos de exclamación en que es un niño hermoso. Yo ya sé, Francisco, sobrino mío, que vas a ser un niño hermoso, sano y gran hincha de Nacional. Pero permitíme compartir hoy contigo la indignación de comprobar que ya no hay lugar donde esconderse. Hasta allí, hasta la panza de tu madre, te fueron a buscar para que digas whisky antes de tiempo. Vivimos apurados, por ver, por saber, y queda poco espacio para la sorpresa. No digo que esté bien o que esté mal. Yo prefiero acordarme de algunos años atrás, de tu madre, Francisco, diciéndole convencida a tu abuela que iba a saber que el bebé que llevaba en su panza era una nena cuando al nacer se le asomen las caravanas en las orejas. Encantadora ingenuidad propia de otros tiempos. No había Facebook. Había un lugar donde esconderse, Francisco.

jueves, julio 23, 2009

Pajeros

Con el gordo Barfel no sólo compartíamos los granos en la cara y el amor por las milanesas del carrito de la plaza. También nos unían unas tremendas e irrefrenables ganas de clavarnos una buena paja casi todos los días: teníamos 13 años, era bastante lógico. Y en aquellas épocas para cascar al muñeco había que tener ingenio, agudizar la imaginación al mango, no era tan fácil. No había internés, botija. Ahora es otra cosa. Que me vienen a hablar los pendejos de hoy de hacerse una paja. Con la computadora somos todos vivos. Y egoístas. Porque las nuestras, gurí, eran pajas colectivizadas. Todos para uno y uno para todos. Era todo un laburo en equipo conseguir una película o secuestrar una revista para sacudir al mono. Y cuando ya teníamos el material arriba de la mesa, bueno, a la mierda inhibiciones y empezaba el traqueteo grupal. Ah no, si ahora es facilísimo. Ponés concha en google y las tenés de todos los tipos y tamaños. Pero a nosotros nos obligaban a exprimirnos el marote. A ver si entendés, acabar no estaba a un clic de distancia, había todo un proceso mental. Hubo una vuelta que nos bajamos una mano con una revista Guambia que había decidido ridiculizar al presidente Sanguinetti dibujándolo con el cuerpo de una mina que tenía un culo tremendo. Nos hicimos la paja con un dibujo de un culo que tenía la cara de Sanguinetti. ¡Eso era onanismo, macho! Cuando terminamos la paja colectiva apareció en nuestro campo visual las cejas enormes esas que le ponían los de Guambia al Julio María y nos dio tanto asco y vergüenza que nos juramos no tocar nunca más el tema. Ni en joda volvimos a comentar el asunto cejas. Es que ya te digo, botija, había que agudizar la mente al mango. También estaba el video, obvio, pero ahí siempre tenías dos palos que se te atravesaban en la rueda: dónde mirar la película y quién la alquilaba. Despejada la primera incognita había que idear la engorrosa operación alquiler. Y mirá que teníamos problemas para sacar una porno. Yo siempre mandaba al frente al gordo, pero pocas veces teníamos éxito. Me acuerdo una vez que fuimos a un video nuevo, el que nos faltaba por explorar—en los 90 los videoclubs brotaban de la tierra— y para tirarnos de elegantes le sugerí al gordo que pidiera una película “condicionada”. Error. Ya para arrancar como el orto, el gordo pidió una película “acondicionada”. Y lo repitió como tres veces porque el viejo que nos atendió no cazaba una. Para peor, muy solicito, el viejo empezó a llamar a la parentela que estaba en el fondo de la casa (el video estaba en un garaje) para ver quién podía develar el misterio de la película acondicionada. Yo le hacía señas al gordo que cancelara, pero ya estaba todo perdido. Se empezó a llenar de gente tratando de ver qué pelicula querían sacar los muchachos. A esa altura el gordo estaba rojo de vergüenza repitiendo “acondicionada” y yo en la esquina, frustrado, esperándolo en la bicicleta.
Sep, la mayoría de las veces volvíamos de los videos mordiendo la derrota, chiflando bajito y pensando lo difícil que se nos ponía ver una mina en bolas. Había que agudizar el ingenio. Otros tiempos, botija. Otros tiempos.

lunes, junio 08, 2009

La última llamada

Caminábamos a la deriva en una noche de domingo que ya era lunes. El bar donde solemos asesinar la melancolía dominguera estaba cerrado y ahora el que tenía ganas de morir era yo. Calles vacías, apagadas; árboles desnudos, hojas de otoño en el piso. Soledad y frío. Montevideo gris, te conozco bien. Al final de un repecho que subimos con plomo en los pies, sentimos los tambores. El ruido de las lonjas nos sedujeron en esa hora de mierda, asquerosa, inmunda. Nunca me voy a cansar de hacerme la misma pregunta: ¿cómo un día puede partirse tan perfectamente a la mitad? Seguimos la llamada y nos dimos de frente contra una masa multicolor que rompía las reglas no escritas de la noche del domingo. Gente bailando en la calle, gente riendo, gente besándose, gente saltando. Gente desubicada. Viejos, jóvenes, lesbianas, negros, pobres y ricos todos juntos y en trance seguían el ritmo de los tambores. Era una procesión de personas en plena batalla contra la resaca emocional. Nos unimos a ese ejército y caminamos unas cuantas cuadras. Yo intenté bailar, pero no pude. Me limité a mover la cabeza al compás, lo mismo que hacían unos cuantos que venían en el pelotón. Ella bailó y bailó bien. Me encantaron sus movimientos, tan lejos del plomo en los zapatos de unos minutos atrás. El viaje terminó cuando se escuchó el último borocotó. Ahí nos dispersamos. La pequeña fiesta había terminado. Pero se celebró lo auténtico de enfrentar una noche fría y triste con baile en la calle y no con pizzas y control remoto. Borré una letra del apocalypse que tengo tatuado y nos fuimos sabiendo que esas calles no estaban tan solas y que ese domingo podía ser menos domingo.

jueves, mayo 07, 2009

Mi viejo y el tango

¿No ves que va la luna rodando por callao?, preguntaba, cantaba, mi viejo cada vez que estaba contento. Creo que escuché esa frase cien o doscientas veces antes de darle un significado. Antes de atar las palabras para darme cuenta que una luna blanca podía rodar por una calle de Buenos Aires en un tango. Esa melodía, esas líneas de la canción, fueron la banda sonora de cada asado de mi infancia. Y yo no entendía qué carajo querían decir. Lo que si sabía es que había algo de reflejo condicionado. Asado y parrilla era igual a lunas que rodaban por Callao y tipos que estaban "piantaos, piantaos". Mi viejo arrimaba brasas a la carne y soltaba en loop las mismas palabras mientras se mordía la lengua, su viejo tic. Hace unos días volví a escuchar el enorme tango de Horacio Ferrer y Astor Piazzolla. Estaba en pedo, y cuando uno esta borracho suele hacer este tipo de asociaciones nostálgicas.

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao,
no ves que va la luna rodando por Callao
y un coro de astronautas y niños con un vals
me baila alrededor...
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao,
yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste; vení, volá, sentí,
el loco berretín que tengo para vos.

Y estoy contento. Porque cada tanto, y con mucha más frecuencia que antes, vuelvo a escuchar ese mismo tarareo en la voz de mi viejo. Porque hay miles de asados en el horizonte y él está mejor que nunca: feliz, piantao, piantao…

martes, marzo 03, 2009

La marquita en el repulgue

Tanta mierda, tanto Facebook, tanto adelanto tecnológico, tanto celular con miles de chrimbolos, ¡oh tanto progreso! y nadie es capaz de inventar un sistema efectivo para identificar el relleno de las empanadas. En eso seguimos siendo cavernícolas. Nada más Neanderthal que la imagen de una persona mirando esa masa alimenticia con curiosidad y temor, rascándose la cabeza y chorreando baba de hambre con ansiedad por encontrar su puta empanada de una jodida vez. Una escena casi igual a la de los monos de Odisea del Espacio. Cada vez que en alguna reunión se pide empanadas, los comensales se vuelven chimpancés analizando la comida. A veces, pocas, hay éxito y cada uno come lo que pidió. Pero casi siempre la escena de la repartija se vuelve tan surreal que pide un remate cinematográfico. Música incidental, cámara lenta, las empanadas volando abiertas con sus rellenos sueltos por el aire y los monos mirándolas de abajo, saltando y emitiendo hambrientos sonidos guturales.

martes, diciembre 16, 2008

La era de la idiotez

Listo. Me cansé. Venía sufriendo en silencio, pero ya no me voy a quedar callado. Estoy harto de las injusticias de este mundo y yo, que soy un luchador social, un comprometido con las causas, tengo que hacer algo para cambiar este mundo de mierda en el que vivimos. Ahora mi voz se va a escuchar. Van a temblar las raíces. Voy a propagar mi mensaje por toda la tierra. ¿Cómo pude ser tan ciego para no verlo antes? Las miserias, inequidades y porquerías de la humanidad que pasaron por delante mío y no fui capaz de tener ni un click de reflejo. Fui una inmunda rata egoísta, eso es lo que fui. Pero voy a redimirme. Sí. Todas las noticias desoladoras, terribles y angustiantes de este planeta van a pasar por mi ojo crítico y sus víctimas van a tener mi compromiso solidario. Voy a crear todos los grupos. Voy a sumar amigos y amigas a mi causa. Vos sos mi amigo, aceptá mi invitación, porque voy a dejar de ser indiferente a la indiferencia. Voy a mover cielo y tierra para que te quede claro que estoy del lado de los buenos. Voy a degollar para que aprendas. Voy a señalarte el camino. Voy a pararme sobre la muralla que divide todo lo que fue de lo que será. Voy a iluminar lo que está oscuro. Voy a desenterrar a los enterrados. Voy a cobijar a los desemparados. Voy a hacerle respiración boca a boca a los cuerpos llenos de agua. Voy camino al sol. Voy a escribir mi rabia en los muros. Voy a iniciar una revolución. Voy a tener Facebook.